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Ven,
redúceme al instinto carnal de tu laberinto
comulga en mi templo la penitencia del pecado
que no es pecado,
es la necesidad justa,
natural,
grano a grano de tus manos en mis labios.
Poro a poro,
sin fatiga tu cuerpo y mi cuerpo
se irán desgranando en el verbo prehistórico de los deseos,
bebe de mi piel cada sorbo,
miro tus labios que buscan la humedad de mi sexo.
Ven,
busca en mis pupilas asilo para tus demonios
toca la expresión de mi carne,
la alquimia de mis senos,
antes que el amanecer extermine esta hora.
Devoro tu cuerpo como Saturno a sus hijos,
y es que siento como tus aspas rompen el madero
de mi cautiverio
y soy el reventar de olas nocturnas,
el caudal que silencioso
recoge la nieve del verano.
Tu respirar corto,
agitado,
espacioso,
anuncia el malparir
de nieves condensadas
dejas caer servilletas blancas
sobre la selva sudorosa de mis colinas.
Hemos calmado la náusea placentera del alma y cuerpo,
hemos sondeado el vértigo del placer,
el aullar de la noche,
hemos liberado al demonio escondido
a ese esclavo anónimo
que llevamos dentro.
Fantasma Azul
1 comentario:
delicioso, como prácticamente toda tu obra.
Me encanta!
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