Me engendraron en la ciudad de México, aunque mis
padres siempre me alegaron que había sido en la ciudad de las luces y las cigüeñas,
pero de ser así... ¿Cómo me explican mi devoción por el picante? En septiembre,
patriótico mes en América. Las independencias de México y Centroamérica.
Nací en el Hospital Policlínica
Salvadoreña, cuarto número 13 del tercer piso, hospital de lujo... bajo el
signo de Aries.
Era la década de los
Hippies, la guerra del Vietnam, la
masacre de Tlatelolco, el asesinato de
Kennedy… en fin, década convulsiva, como convulsiva la niña que nacería.
Todos hubieran preferido otra cosa pero
por ser la primera, la rajadura entre
mis piernas me fue tan perdonada que por
poco muero de una sobredosis de amor. Hija
de judío alemán y de española sefardí y con un árbol genealógico parecido más a
la Torre de Babel que a las Naciones Unidas.
Crecí entre las ramas de
los naranjos, de las manzanas, entre
parras de uvas y sabrosos melocotones, entre el caviar y las ollas de frijol; entre
la calma de la bahía, la furia del Pacífico, los libertinos huracanes del
Atlántico, la belleza inmaculada del
Mediterráneo y del Océano Índico, y según el humor, encarnaba a Batman o a la Bella Durmiente. Hubo días en que amanecía siendo simplemente yo:
Doña Gloria de la Cueva,
la de los ojos negros.
Soy
racional, lógica, intencional, objetiva,
intuitiva, frívola, indómita, intrépida, emotiva, sentimental…práctica y
sobre todo muy modesta. O sea que no soy
una, sino dos, en cohabitación armoniosa.
Frente a esta realidad lamento la tragedia de los otros que han
construido un mundo que no los deja
llorar porque si se atreven dejan de ser lo que son. Es tan rico llorar.
La
historia es causal, conciente y sabe bien lo que hace. Durante 20 mil años nos hizo girar alrededor
del principio femenino, de la colaboración solidaria entre los sexos. De repente le dio la vuelta a la tortilla y
nos fue enredando en la visión fálica del mundo.
Nos persiguió y se nos
quemó, nos hizo brujas, pecadoras y culpables.
Nos encerró y nos calló obligándonos a desarrollar el poder intangible,
templándonos el espíritu. Nos volvió más
intrépidas ante los retos; nos hizo
probarnos que sabemos pensar y gobernar desde la cúspide, incluso en un mundo
que no cree en nosotras. Porque nos ha
hecho perdernos y volvernos a encontrar, ahora estamos más listas para recibir
los nuevos tiempos. La diferencia es que estamos más dispuestas a
cambiar.
Tres meses después de
haber dado a luz a mi segundo hijo, y habiendo apenas cumplido veinte años, la
muerte tocaba a mi puerta para reclamarme las bondades y maldades cometidas en
ese lapsus de tiempo, pero le gané la batalla a la calaca, y de eso
me siento más que satisfecha, porque si en un momento sentí rabia ante la
impotencia de poder dar un paso, mi conciencia y mi dignidad caminaban de la
mano, tranquilas y acrecentadas por no deberle nada a la vida, prueba de ello
fue mi fortaleza y mis ganas de seguir en esta tierra de lágrimas ante el
clamor de un par de llantos angelicales que me acompañarían por el resto de mis
días.
Desde ese momento nací
mujer, porque antes había nacido niña.
Tremenda escuela de solidaridad,
de sobriedad y ¿Por qué no?... de
soledad…
La política como la
hemos comprendido se está venciendo aceleradamente. La estructura patriarcal agoniza junto al
siglo.
Nunca he necesitado ser
feminista. Siempre he logrado hacer
lo que quiero. Además, no encuentro que ser mujer sea una
desventaja y claro, esto tiene que ver con el hecho de que cuando nací, el
movimiento feminista había librado mil batallas para que se reconocieran
nuestros derechos ciudadanos. Reconozco su importancia. Yo admiro a todas estas mujeres, pero no las
envidio, eso a pesar de ser descendiente de TAHIRIH, poetisa y mártir de Persia
(hoy Irán).
Agradezco a la diosa que
esa necesidad de probar nuestra capacidad la hayan cubierto ellas y ahora
nosotras podamos aprender. No dejo de
sentir una profunda admiración y hasta cierta envidia por los viajes de la
perra Laika y Valentina Tereskova al espacio sideral.
Golda Meier, Indira
Gandhi, Corazón Aquino, Benzair Bhutto, Violeta Chamorro, Margaret Thatcher
probaron el sabor amargo del poder y se les agradece y se les compadece como a
tantas otras que buscan el poder a costa de perder su esencia. Ya comprobamos que si se lo propone, la
mujer puede ser tan tirana como el hombre.
Hasta eso, porque para volver tirano al que gobierna están construidos
los sistemas de hoy.
Como conspiradora de Aries,
confío en que vamos a recordar aquel tiempo perdido en que no era la guerra
sino la comprensión de que somos
opuestos que se complementan, como cielo y tierra, en un mundo
matrilineal. Ahora que hemos llegado al
final del callejón en que todos los esquemas intentados siguen sin resolver lo
fundamental para el ser humano, la única vía
posible es la de la creatividad y la revolución de cada quien.
Durante toda mi vida
vagué por el mundo. En las calles de
Atenas, Barcelona, San José, Lima,
Buenos Aires, México, Bahía, New York, París,
Beirut, La Paz…etc.,
nadie me pregunta de donde soy. Soy ciudadana de la Vía Láctea, venida de
una estrella lejana de la constelación de Orión, Casiopea o de Las
Pléyades. La nacionalidad –que es
pertenencia- se construye y nada tiene que ver con el pasaporte y el documento
de identidad.
La expresión de lo
profundo y lo trascendental siempre toma
la forma de un poema, de una novela, una escultura, una pintura, una
danza. A lo largo del camino me voy
alimentando de la vida y la obra de las creadoras de todos los tiempos. A la vez que voy creando obra para que vuele en todos los tiempos.
Me he mecido muchas
veces en las olas de Virginia Woolf y he aprendido a respetar su opinión –igual
que la de Alfonsina Storni, Nora Carrington y Alejandra Pizarnik- porque al final de cuentas ya habían marcado
lo que tenían que marcar. George Sand,
Camila Claudel, Edith Piaf, Isadora Duncan, Clementina Suárez, las tres Margaritas,
Ana Mendieta, Isabel Allende, Gabriela Mistral, Evita Perón, Enya, Taisha,
Frida Kahlo, Janis Joplin, Carole King, Mata Hari, Madonna, Gioconda Belli,
Rogelia Cruz, Simone de Beauvoir, Lil Milagro, Anais Nin, Sor Juana Inés de la Cruz, Tina Modotti, Meryl
Streep, la Chilindrina,
Norma Helena Gadea, Mercedes Sosa, la princesa Diana, Madre Teresa de Calcuta, Ruhiyyih
Khanum, Santa Teresa de Jesús y hasta la Virgen María me han
dado pistas para entender de que se trata y vivir con ellas su cotidianeidad. Alguien me dijo un día que soy en cierta
forma un poco de cada una de ellas.
Al
regresar me di cuenta de que había llegado a un reino donde no había espacio
para una gitana del fin del milenio, buscadora de esencia, amante empedernida
de la libertad y madre… ¿Y ahora quién
soy?” Es fulanita de tal, hija de zutano, nieta del mengano”…
“Señora,
su identificación por favor. ¿De qué nacionalidad es usted?…no salga de noche, no duerma de día, no diga lo que piensa, no piense lo que siente, prohibido no ser como los demás”. Pero sé como duele. He vivido en mi carne la historia. El horror me ha penetrado en la dulzura. No puedo cerrar los ojos y dejar de
ver. “Hay quien mira pero no ve”. Tengo que ser.
El
reto entonces era reconstruirme reciclando todas esas emociones. El reto era transformar el miedo, el odio,
la decepción, la amargura en miel tibia
y colorida de amor y compasión.
Aquí
sólo había dos opciones: seguir girando o abrir el espacio. Yo decidí construir contra viento y marea mi
propio mundo, más colorido y con menos gravedad y aquí estoy.
Soy
madre, y como un camaleón un día soy
sombra y otro soy ratón, porque la luna es de queso.
Amo
la noche, las espaldas anchas sin compromiso y prefiero las relaciones
sensuales al amanecer. Me parece anticuada la monogamia, pero creo en la fidelidad
y soy fiel eternamente.
Muchas veces me
han dicho que no tengo corazón pero es que a menudo se confunden y no entienden
que mi libertad es poder decir que si o decir que no.
Soy
la mujer silencio, la mujer paciencia, la mujer gemido, soy la mujer viento, la
mujer amparo, la mujer espuma, la mujer tormenta… Yo soy la mujer que corre con los lobos, la
que le aúlla a la luna. Soy más que una
porque soy todas y no soy ninguna…espíritu de contradicción.
Si
la condición para el “el éxito” como lo
define el mundo masculino es perder la esencia femenina, no me interesa el
éxito. Elijo ser una perdedora que
encuentra la felicidad en la búsqueda de su equilibrio, en el redescubrimiento
de todas las atribuciones específicas de la feminidad.
Ten
por seguro que si yo supiera quien eres, te lo diría.
-Gloria Menjívar.-
(Nombre verdadero de Fantasma Azul)