sábado, 3 de marzo de 2007

HISTORIA DE MUJER





HÚMEDA Y PROFUNDA…
UNA MUJER DEL NUEVO MILENIO…
“HISTORIA DE MUJER”…

…ELLA SE DESNUDA EN EL PARAÍSO
DE SU MEMORIA
ELLA DESCONOCE EL FEROZ
DE SUS VISIONES
ELLA TIENE MIEDO DE NO
SABER NOMBRAR
LO QUE NO EXISTE…

                       “ALEJANDRA PIZARNIK.”



      Ten  por seguro que si yo supiera quien soy no te lo diría.  No soy la mujer maravilla,  ¡¡¡Pero qué maravilla es ser mujer!!!  No me cabe ya ninguna duda de que en otras vidas nos portamos bien y que llegar a este milenio con una vagina húmeda y profunda es un premio, un regalo.  En etapas pasadas fui gata negra,  zanate y camaleón.  En mi vida mitológica: El Unicornio Azul, El ave Fénix… quizá…  Ya en esta condición he logrado limpiarme el corazón ganándome el derecho de nacer mujer.

      Me  engendraron en la ciudad de México, aunque mis padres siempre me alegaron que había sido en la ciudad de las luces y las cigüeñas, pero de ser así... ¿Cómo me explican mi devoción por el picante? En septiembre, patriótico mes en América. Las independencias de México y Centroamérica. 

Nací en el Hospital Policlínica Salvadoreña, cuarto número 13 del tercer piso, hospital de lujo... bajo el signo de Aries. 

      Era la década de los Hippies, la guerra del Vietnam,  la masacre de Tlatelolco,  el asesinato de Kennedy… en fin, década convulsiva, como convulsiva la niña que nacería.

      Todos hubieran preferido otra cosa pero por ser la primera,  la rajadura entre mis piernas me fue tan perdonada  que por poco muero de una sobredosis de amor.  Hija de judío alemán y de española sefardí y con un árbol genealógico parecido más a la Torre de Babel que a las Naciones Unidas.

      Crecí entre las ramas de los naranjos,  de las manzanas, entre parras de uvas y sabrosos melocotones, entre el caviar y las ollas de frijol; entre la calma de la bahía, la furia del Pacífico, los libertinos huracanes del Atlántico,  la belleza inmaculada del Mediterráneo y del Océano Índico, y según el humor, encarnaba a Batman o a la Bella Durmiente.  Hubo días en que amanecía siendo simplemente yo: Doña Gloria de la Cueva, la de los ojos negros.

     Soy racional, lógica, intencional, objetiva,  intuitiva, frívola, indómita, intrépida, emotiva, sentimental…práctica y sobre todo muy modesta.  O sea que no soy una, sino dos, en cohabitación armoniosa.  Frente a esta realidad lamento la tragedia de los otros que han construido un  mundo que no los deja llorar porque si se atreven dejan de ser lo que son.  Es tan rico llorar.

     La historia es causal, conciente y sabe bien lo que hace.  Durante 20 mil años nos hizo girar alrededor del principio femenino, de la colaboración solidaria entre los sexos.  De repente le dio la vuelta a la tortilla y nos fue enredando en la visión fálica del mundo.

         Nos persiguió y se nos quemó, nos hizo brujas, pecadoras y culpables.  Nos encerró y nos calló obligándonos a desarrollar el poder intangible, templándonos el espíritu.  Nos volvió más intrépidas ante los retos;  nos hizo probarnos que sabemos pensar y gobernar desde la cúspide, incluso en un mundo que no cree en nosotras.  Porque nos ha hecho perdernos y volvernos a encontrar, ahora estamos más listas para recibir los nuevos tiempos.   La  diferencia es que estamos más dispuestas a cambiar.

Tres meses después de haber dado a luz a mi segundo hijo, y habiendo apenas cumplido veinte años, la muerte tocaba a mi puerta para reclamarme las bondades y maldades cometidas en ese lapsus de  tiempo,  pero le gané la batalla a la calaca, y de eso me siento más que satisfecha, porque si en un momento sentí rabia ante la impotencia de poder dar un paso, mi conciencia y mi dignidad caminaban de la mano, tranquilas y acrecentadas por no deberle nada a la vida, prueba de ello fue mi fortaleza y mis ganas de seguir en esta tierra de lágrimas ante el clamor de un par de llantos angelicales que me acompañarían por el resto de mis días.

Desde ese momento nací mujer, porque antes había nacido niña.   Tremenda escuela  de solidaridad, de sobriedad y ¿Por qué no?...  de soledad…

La política como la hemos comprendido se está venciendo aceleradamente.  La estructura patriarcal agoniza junto al siglo.

Nunca he necesitado ser feminista.  Siempre he logrado hacer lo  que quiero.  Además, no encuentro que ser mujer sea una desventaja y claro, esto tiene que ver con el hecho de que cuando nací, el movimiento feminista había librado mil batallas para que se reconocieran nuestros derechos ciudadanos. Reconozco su importancia.  Yo admiro a todas estas mujeres, pero no las envidio, eso a pesar de ser descendiente de TAHIRIH, poetisa y mártir de Persia (hoy Irán).

         Agradezco a la diosa que esa necesidad de probar nuestra capacidad la hayan cubierto ellas y ahora nosotras podamos aprender.  No dejo de sentir una profunda admiración y hasta cierta envidia por los viajes de la perra Laika y Valentina Tereskova al espacio sideral.

Golda Meier, Indira Gandhi, Corazón Aquino, Benzair Bhutto, Violeta Chamorro, Margaret Thatcher probaron el sabor amargo del poder y se les agradece y se les compadece como a tantas otras que buscan el poder a costa de perder su esencia.   Ya comprobamos que si se lo propone, la mujer puede ser tan tirana como el hombre.  Hasta eso, porque para volver tirano al que gobierna están construidos los sistemas de hoy.

Como conspiradora de Aries, confío en que vamos a recordar aquel tiempo perdido en que no era la guerra sino la comprensión de que  somos opuestos que se complementan, como cielo y tierra, en un mundo matrilineal.  Ahora que hemos llegado al final del callejón en que todos los esquemas intentados siguen sin resolver lo fundamental para el ser humano, la única vía  posible es la de la creatividad y la revolución de cada quien.

Durante toda mi vida vagué por el mundo.  En las calles de Atenas, Barcelona,  San José, Lima, Buenos Aires, México, Bahía,  New York, París, Beirut, La Paz…etc.,  nadie me pregunta de donde soy.   Soy ciudadana de la Vía Láctea, venida de una estrella lejana de la constelación de Orión, Casiopea o de Las Pléyades.  La nacionalidad –que es pertenencia-  se construye y  nada tiene que ver con el pasaporte y el documento de identidad.

La expresión de lo profundo y lo trascendental siempre toma  la forma de un poema, de una novela, una escultura, una pintura, una danza.  A lo largo del camino me voy alimentando de la vida y la obra de las creadoras de todos los tiempos.  A la vez que voy creando  obra para que vuele en todos los tiempos.

Me he mecido muchas veces en las olas de Virginia Woolf y he aprendido a respetar su opinión –igual que la de Alfonsina Storni, Nora Carrington y Alejandra Pizarnik-  porque al final de cuentas ya habían marcado lo que tenían que marcar.   George Sand, Camila Claudel, Edith Piaf, Isadora Duncan, Clementina Suárez, las tres Margaritas, Ana Mendieta, Isabel Allende, Gabriela Mistral, Evita Perón, Enya, Taisha, Frida Kahlo, Janis Joplin, Carole King, Mata Hari, Madonna, Gioconda Belli, Rogelia Cruz, Simone de Beauvoir, Lil Milagro, Anais Nin, Sor Juana Inés de la Cruz, Tina Modotti, Meryl Streep, la Chilindrina, Norma Helena Gadea, Mercedes Sosa, la princesa Diana, Madre Teresa de Calcuta, Ruhiyyih Khanum, Santa Teresa de Jesús y hasta la Virgen María me han dado pistas para entender de que se trata y vivir con ellas su cotidianeidad.  Alguien me dijo un día que soy en cierta forma un poco de cada una de ellas.

       Al regresar me di cuenta de que había llegado a un reino donde no había espacio para una gitana del fin del milenio, buscadora de esencia, amante empedernida de la libertad  y madre… ¿Y ahora quién soy?” Es fulanita de tal, hija de zutano, nieta del mengano”…

         Señora, su identificación por favor. ¿De qué nacionalidad es usted?…no  salga de noche, no duerma de día,  no diga lo que piensa,  no piense lo que siente,  prohibido no ser como los demás”.   Pero sé como duele.  He vivido en mi carne la historia.  El horror me ha penetrado en la dulzura.   No puedo cerrar los ojos y dejar de ver.  “Hay quien mira pero no ve”.  Tengo que ser.

         El reto entonces era reconstruirme reciclando todas esas emociones.   El reto era transformar el miedo, el odio, la decepción,  la amargura en miel tibia y colorida de amor y compasión.
        
         Aquí sólo había dos opciones: seguir girando o abrir el espacio.   Yo decidí construir contra viento y marea mi propio mundo, más colorido y con menos gravedad y aquí estoy.

         Soy madre,  y como un camaleón un día soy sombra y otro soy ratón, porque la luna es de queso.

         Amo la noche, las espaldas anchas sin compromiso y prefiero las relaciones sensuales al amanecer. Me parece anticuada la monogamia, pero creo en la fidelidad y soy fiel eternamente. 

         Muchas veces me han dicho que no tengo corazón pero es que a menudo se confunden y no entienden que mi libertad es poder decir que si o decir que no.

         Soy la mujer silencio, la mujer paciencia, la mujer gemido, soy la mujer viento, la mujer amparo, la mujer espuma, la mujer tormenta…  Yo soy la mujer que corre con los lobos, la que le aúlla a la luna.  Soy más que una porque soy todas y no soy ninguna…espíritu de contradicción.

         Si la condición para el  “el éxito” como lo define el mundo masculino es perder la esencia femenina, no me interesa el éxito.  Elijo ser una perdedora que encuentra la felicidad en la búsqueda de su equilibrio, en el redescubrimiento de todas las atribuciones específicas de la feminidad.


         Ten  por  seguro que si yo supiera quien eres,  te lo diría.



  -Gloria Menjívar.-
(Nombre verdadero de Fantasma Azul)

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